Escribo y procrastino. Ingeniero industrial.
somewhere around Barcelona, Spain.

(Source: mrgolightly, via apestando)

yabishdreya:

breakfastburritoe:

michael cera saves a young cactus from dehyration in the dry desert

my hero

yabishdreya:

breakfastburritoe:

michael cera saves a young cactus from dehyration in the dry desert

my hero

(Source: mcerafan, via apestando)

La cuadratura del círculo

image                                                                      Nu au Fauteuil Noir

Cuando nacemos, nuestro entendimiento es lineal, simple y unidireccional. Las cosas pueden gustarnos o no gustarnos. Poco a poco, con el paso del tiempo, vamos adquiriendo más direcciones de pensamiento: empezamos a ser capaces de calcular la utilidad de las cosas a largo plazo, e incluso llegamos a poder analizar la moralidad de un acto.

Así, paso a paso, nuestras mentes se transforman en complejos espacios euclídeos n-dimensionales; intrincados planos de maniobra que toda persona de bien debe comprender  para lograr lo que la sociedad considera de manera unánime triunfar en la vida. Máquinas perfectas con el éxito grabado a fuego en las entrañas.

Por suerte, por desgracia dirán algunos, no siempre es así. Algunas personas, a veces las más pequeñas y silenciosas, reciben un haz de luz roja directamente en el corazón. En unas décimas de segundo ven culminar la cuadratura del círculo y destapan la gran mentira. Desde ese momento, comprenden que no todo se puede medir con una regla, que hay cosas que no se pueden asociar a un canon, que no todo se puede ver con los ojos. La medida definitiva es el sentimiento.

Algunos encuentran esta pequeña satisfacción en una pintura de Francis Bacon o Pablo Picasso. Otros la vislumbran entre las palabras de Cortázar, tal vez en los mejores versos de Neruda o las peores hazañas de Hank Chinaski. Habrá quienes la hallen en algún filme de Godard o Fellini. Los más discretos se abrirán a ella mientras ven dormir la ciudad acompañados por una melodía de Debussy o Rachmaninoff. Muchos la verán en los acertijos de una mujer de perfección imperfecta, abrumados e indefensos ante la magia de su templo. Incluso los habrá que necesiten ver la desolación en los ojos de un niño que acaba de perder a sus padres. Lo único seguro es que, de ahí en adelante, no podrán mirar el mundo de una manera remotamente similar: tendrán el deber irrevocable de abrir el corazón y sentir cada momento con la pureza que otorga la condición humana. Una bomba ha estallado en el cuartel central de la cordura y ha acabado con cualquier atisbo de forma canónica.

La vida no se construye con líneas rectas; es ridículo tratar de entenderla como si así fuera. De poco sirven los ojos si no se sabe mirar con el corazón.

No solo los ojos se usan para mirar

No solo los ojos se usan para mirar

(Source: anamorphosis-and-isolate, via esoydemas)

nadaimporta:

No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Ésa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo.
— Truman Capote.
Halcones con el ala rota. Ahí hay un artículo. Prometo hacerlo.

nadaimporta:

No se enamore nunca de ninguna criatura salvaje, Mr. Bell. Ésa fue la equivocación de Doc. Siempre se llevaba a su casa seres salvajes. Halcones con el ala rota. Otra vez trajo un lince rojo con una pata fracturada. Pero no hay que entregarles el corazón a los seres salvajes: cuanto más se lo entregas, más fuertes se hacen. Hasta que se sienten lo suficientemente fuertes para huir al bosque. O subirse volando a un árbol. Y luego a otro árbol más alto. Y luego al cielo. Así terminará usted, Mr. Bell, si se entrega a alguna criatura salvaje. Terminará con la mirada fija en el cielo.

— Truman Capote.

Halcones con el ala rota. Ahí hay un artículo. Prometo hacerlo.

Me. Right now.

Me. Right now.

(Source: hunnytheresagifforthat)

il vortice della mondanità

(Source: hellobooze, via nadaimporta)

win

(Source: orangeskins, via coeurs-rouges)

ENGINEERING PLS! WHAT ARE YOU DOING? ENGINEERING, STAHP!

(Source: pierregrassou, via srtalumpy)

Long life the red viper

(Source: therealmcgee)

Arder sin consumirme

La noche estaba siendo larga. Más larga de lo habitual. Larga y lenta; lenta y con alcohol.

El calor y el alcohol nunca habían conjugado bien a largo plazo; como yo y las mujeres, pensé. Aunque… ¿acaso había conjugado yo bien con nada?

A medida que enfilaba la calle, una suave brisa marina recorría los callejones transversales. Para muchos otros borrachos, era un beso de Dios. Sin embargo, a mí me rajaba las mejillas; me lijaba el alma. Hoy no tenía que haber caricias. Ni para mí, ni para nadie.

No recordaba muy bien los últimos sesenta minutos. Tenía en mente un bar, mucha cerveza. ¿Dónde coño estaban todos? Habíamos bebido de más y habíamos acabado discutiendo. Ya eran casi las dos y, en mi ebriedad, los pensamientos taladraban mi cráneo desde dentro. Me dolía la cabeza y el cuerpo me pedía un trago.

Seguí andando unos metros. Probablemente más de los que tuve la sensación de recorrer. Esquivé, no sin suerte, un grupo de perroflautas de anchos ropajes y raídas ideas. Apestaban a chocolate y estaban en peor situación que yo; cuasi etílicos, para el deleite de un pakistaní que los observaba unos metros a la derecha. La fauna nocturna de Barcelona nunca defraudaba. Dos borrachos de edad avanzada se enzarzaban como podían. Uno le había jodido el pómulo al otro, lo cual parecía inverosímil dado que a duras penas podía tenerse en pie. Lo aparté con un empujón y ambos cayeron. Es probable que les esté haciendo un favor, pensé al  ver cómo cesaba su conato de reyerta.

Anduve, como pude, unas manzanas más y me encontré frente a un bar que me resultó idílico. Seguramente fuera un local de mierda, pero siempre había sido un experto en apreciar locales que violaban la importancia de la primera impresión. La música se escapaba hasta el umbral y, pese a haber buen ambiente, no era excesiva la muchedumbre. Una marquesina de madera con faroles metálicos a ambos lados presidía la entrada.

A medida que me dejaba guiar por la luz, el paso se estrechaba. Tras la barra, desembocaba en un habitáculo de configuración notoriamente improvisada; un vórtice de entropía dominado por el baile de marrones que ofrecía el mobiliario. No había dos mesas iguales: rectangulares, redondas, cuadradas. Taburetes y sillas desperdigadas, algún que otro charco de cerveza y Lust for Life retumbando en las paredes. Tal vez estuviera Renton esperándome en el retrete.

Sentí un impulso para escribir, localicé una mesa esquinada y la ocupé con mi pinta. La madera estaba mojada, tuve que secarla con servilletas antes de sacar la libreta. Derramé parte de mi cerveza, y con ello se fueron mis ganas de escribir. Quizás más adelante.

Levanté mi cabeza para distraerme con el local. Decoraba la parte superior de la barra un cuadro de trazos pobres, bastante hortera, probablemente regalo de algún amigo del dueño. Un ventilador de techo presidía la sala pero su efecto era, cuanto menos, fútil. A escasos metros de mi mesa se encontraba una lámpara de pared con una de sus dos bombillas fundidas, verdaderamente a juego con el resto de personajes inanimados del lugar. La tecnología era bastante pobre –sólo se salvaba el sistema de sonido- y el diseño no era, precisamente, el fuerte del local. Así era como a mí me gustaba. No sólo por el ambiente que ofrecía la involuntariamente tenue iluminación, ni por la elevada temperatura que invitaba a pedir otra cerveza. El protagonismo de un bar era propiedad de la música, de la cerveza, de sus gentes. Así tenía que ser, y así era en aquél local.

Definitivamente, aquél lugar era bien. Tal vez mi cuerpo estaba en un garito de mala muerte, pero mi cerebro se había apoderado de una pequeña parcela en el jardín de las delicias. Escondido detrás de tantas mesas, pequeño en el banco, abrazado a mi cerveza. Allí me sentía inexpugnable; dueño absoluto de la situación, capaz de borrar los males de un trago. ¿Cómo iba a sospechar que la melancolía y el destino tramaban un nuevo truco? 

This man is telling the truth

(Source: huffingtonpost)

Alguien quiere hacerme un regalito? <3

Alguien quiere hacerme un regalito? <3

(Source: gooddesignisgoodbusiness)

ESTE VOY A SER YO EL 30

ESTE VOY A SER YO EL 30

(Source: gifolas-cage)

Leyes incuestionables de los exámenes tipo test

SUBLIME

ingenierodelmonton
:

Cuando llegan los exámenes todos nos volvemos creyentes, creemos que habrá exámenes fáciles, que no nos van a pillar las chuletas o que a algún profesor se le pueda pasar por la cabeza hacer una pregunta que salió en clase.

Sí, porque es nuestro subconsciente el que nos juega una mala pasada y asocia los exámenes tipo test con exámenes fáciles… ¡Pero no! Los exámenes tipo test son jodidos, muy jodidos.

Como todo, habrá gente que los prefiera así y otros que los odien a muerte, sea como fuere, hay 12 leyes que son incuestionables en todos los exámenes tipo test:

1. Si dudas entre dos opciones, siempre vas a acabar poniendo la incorrecta. Siempre.

Las 12 leyes incuestionables de los exámenes tipo test | The Idealist

2. Si te da por corregir las respuestas, el 80% estaban bien contestadas pero tú vas y en el último momento las cambias.

Las 12 leyes incuestionables de los exámenes tipo test | The Idealist

3. Si llevas tres preguntas seguidas contestando la misma opción, siempre tendrás la eterna duda de si están mal o es que tu profesor te está trolleando.

ingenierodelmonton:  Mi examen tipo test: Todas y ninguna de las anteriores.  Mientras tanto en la U xdd

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